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[MME] Entre el deplorable estado de las instituciones

[em]MME ha vuelto. Para quedarse, hasta que la actividad desfallezca o mis manos se agrieten, este periódico volverá, como siempre; a ofrecer a la ciudadanía arcadia la voz crítica que tan popular y reconocida fue en el pasado. Queremos darte lo que te gusta, pero porque sabemos, que en el fondo, que lo que te gusta es moverte hacia delante. Escorado hacia la izquierda, por supuesto. [/em]

Cuando uno desaparece por un tiempo para descansar, vuelve con lecciones aprendidas y frescura añadida. Suele ser habitual, y estos días parece que ha habido muchas reincorporaciones. Políticos de mayor o menor talla que antaño dirigieron las naciones de nuestro continente. Y que hoy vuelven a nuestro país interesadas por la construcción de un buen futuro. Es un buen momento para la regeneración y construcción políticas. Es buen momento para elaborar, pero tambien para cuestionar nuestro modelo político.

Permitanme en este primer artículo de esta [em]segunda temporada[/em] el salirme del guion del discurso político, del discurso de la crítica ciudadana y de la construcción desde el poder popular -que tan valioso hizo antaño a esta publicación- para señalar un punto que hoy goza de mayor interés, un punto que pudiera ser hoy más que nunca donde debemos de fijarnos, porque posiblemente de este paso dependa la carrera con vistas de futuro que nuestro proyecto lleva ya encaminada.

Quiero señalar entonces al [em]deplorable estado de nuestras instituciones[/em]: al demacrado e inútil gobierno, no al actual sino a la institución de gobierno; a la políticamente insulsa asamblea, aunque con vistas de mejora a corto plazo; pero entre todas ellas, quiero que ustedes comprueben como yo el deplorable estado en el que los gobiernos del desgobierno y el liberalismo interesado han sumido a nuestra hacienda pública. Quiero que den buena cuenta de la pobreza de nuestras arcas públicas y al increiblemente desigual reparto de la riqueza. A la pobreza de nuestros ciudadanos y a la riqueza de los oligarcas. Arcadia, nuestra nación antes libre e igualitaria es ahora una estafa. Pobre y con la pobreza mal repartida, con un estado sin dinero que exime de impuestos a los que más tienen.

Los bancos no operan con el dinero de los ciudadanos. Los bancos no sirven de préstamo para los ciudadanos de nuestro país. Los bancos son las huchas de los oligarcas, que bajo el paraguas del Régimen Tributario Especial agolpan riqueza sin pagar una moneda al erario público. Mientras tanto, los parados pagan impuestos y falta empleo para los ciudadanos. Nuestro estado no es capaz de generar empleo, y desde luego incapaz de repartir la riqueza. Nunca habíamos sido tan pobres, pero tampoco nunca habíamos tenido tan claro quiénes nos habían hecho tan pobres. El pueblo debe atender a las obviedades que se ven en las cuentas de los bancos: oligarcas con más de cinco veces el poder adquisitivo del Estado. Oligarcas con más de 1000 veces el dinero de los ciudadanos más pobres.

La hacienda y el Estado deben actuar para impedir la quiebra de la hacienda y, de una vez por todas, generar riqueza para los estados y no cubrir la de los oligarcas. Repartir la riqueza.

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